jueves 19 de noviembre de 2009

Tentación


A veces, muy de vez en cuando, tengo la tentación de superar esta tristeza que cada día me pesa más, y que cuando llega noviembre se vuelve una bruma que todo lo envuelve y lo deforma.

También algunas veces tengo la tentación de salir de esta tristeza y sonrío. Y levanto los ojos del suelo. Y la risa trasciende los labios y se refleja en la mirada. No como estos días, que es una mueca estúpida en una cara de cera.

A veces tengo la tentación de salir de la tristeza: y bailo, y estoy con mis amigos, y llamo a mis hermanos, y controlo mis impulsos obsesivos-compulsivos. Y dejo de tomar paracetamol cada mañana. Y no recurro al miolastan para relajarme después de un día odioso. Y guardo los gin tonics para cuando estoy con mi gente. Y dejo de escribir poemas estúpidos. Y cuento historias de otros. Y me olvido de mi misma.

A veces tengo la tentación de salir de la tristeza y coger esos escritos que oculto al mundo para que algunos amigos, buenos amigos, me saquen de esta duda constante que me atenaza y me digan “ánimo, atrévete” o me aconsejen “dedícate a dibujar flores, que se te da mejor”.

Sin embargo, cuando lo intento, cuando tengo la tentación de salir de esa tristeza, me digo a mí misma que no merece la pena. Porque volverá. Siempre regresa. Cuando menos lo espero. Cuando casi atisbo el cielo azul.

Algunas veces tengo la tentación de abandonar el refugio que me proporciona el hayedo. Y salir a campo abierto. Y caminar descalza entre prados y senderos hasta llegar al mar. Y sumergirme en las olas. Y dejar que la espuma embellezca mi piel.

A veces, sólo de vez en cuando, tengo la tentación de vencer esta tristeza.



Fotografía: Malatorre

19 de Noviembre

Hoy se cumplen diez años....
Aunque la herida sigue ahí, la cicatriz evoluciona favorablemente.

miércoles 18 de noviembre de 2009

Noviembre

lunes 16 de noviembre de 2009

Simba



Para quienes no lo conozcais, éste es Simba. Acaba de cumplir cuatro meses y medio. Y ha revolucionado nuestra casa.

martes 10 de noviembre de 2009

Basta sólo con estar

He repasado algunas entradas antiguas de Gato por libre y, bajo una foto preciosa de dos gatos que se arrullan, hay una leyenda que dice "A veces basta sólo con estar".

Lástima. Es tan fácil. Sin embargo, a veces de quien más esperas menos recibes. Y eso genera una honda tristeza difícil de sobrellevar.

Y sigue siendo noviembre.

jueves 5 de noviembre de 2009

Fernando Sarria

Se lo cojo prestado a Fernando Sarria, que sé que no se enfada.


Reuniste los restos de la lluvia,

esas gotas que todavía humedecían tus manos.

Afuera siguió la tormenta

y los pinos dejaban el aroma desnudo del bosque

en la noche de verano.

Me veías reflejado entre las sombras

y buscabas con tu boca en mis labios más respuestas,

cincelando con tus dedos

un viaje en mi pecho,

un descanso febril de los sentidos.

Nadie sabrá nunca que cerca sentí

eso que llaman a veces felicidad.

martes 3 de noviembre de 2009

Va de cuentos

El viernes leí “Dora Soñadora”. Hoy ha sido “La Cenicienta que no quería comer perdices”. A ambos cuentos he llegado de la mano de Chema y de ambos extraigo valiosas enseñanzas. No voy a ahondar en el cuento soñado y dibujado por el autor del “Bestiario Ilustrado de Aragón”. Sin embargo, si que me gustaría apuntar algo sobre esta nueva interpretación de La Cenicienta. Las autoras de la historia, que la escriben a instancias de una institución que trabaja con mujeres maltratadas, hacen una relectura del cuento cuestionando el papel que la sociedad ha dispensado tradicionalmente a las mujeres. A esas niñas que desde pequeñas han soñado con encontrar a su principeazul y que, con los años, aprenden a vivir sin él “a pesar de que cuesta muchos dejarlos, es tan difícil dejarlos que a veces repites hasta dos y tres príncipes más”, tal y como se cuenta en “La Cenicienta que no quería comer perdices”. Y sigue asegurando que, después de dejar al príncipe, dejó los zapatos y las perdices.

A pesar de los años y de los fracasos, hay muchas mujeres que siguen buscando príncipes que viajen con ellas en la carroza, zapatitos de cristal que se adapten a unos pies cansados de hollar caminos áridos y empinados, y perdices tiernas con las que agasajar a sus amados. Esas cenicientas modernas deberían leer, tal y como yo he hecho, un cuento que habla de un hada basta que aparece cuando sabemos decir basta. De una mujer que monta un restaurante vegetariano con sus amigas. De una mujer que recupera a la Bella Durmiente y a Blancanieves de un sueño inducido por los fármacos. De una mujer que consigue que Pinocho deje de mentir. De una mujer, en definitiva, que recupera el control de su vida.

Y como de recuperar se trata, vuelvo a escribir. En este comienzo del mes de noviembre, un tiempo oscuro y nebuloso donde los haya, retorno al hayedo. No sé si me quedaré una temporada o vengo sólo de paso. Sin embargo, la necesidad de pisar esa alfombra de hojas esponjadas por el musgo, el ansia de oler la humedad del alba me han traído de vuelta a un lugar del que nunca debí salir. Vuelvo además porque, en este mes de noviembre, necesito el calor de mis amigos, esas palabras de aliento que me acompañan.


La foto, aquí